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No solo tea time: los británicos y el café

También en Gran Bretaña, el café cuenta con una larga tradición: sus primeros cafés se remontan a mediados del siglo XVII, aunque también servían té. Al principio el té era muy caro, una prerrogativa de los ricos burgueses. Solo a partir de finales del siglo XVIII, con la reducción de los impuestos, pasó a ser accesible para la clase media y obrera. Todavía hoy en Gran Bretaña se prefiere el té al café y se sigue conservando la tradición del té de la tarde («tea time»), tal vez como consecuencia de la predilección especial que la familia real ha demostrado desde siempre por esta bebida. Pero al parecer las cosas están cambiando también en Gran Bretaña. En un artículo del 28 de junio de 2012, el periódico londinense «Evening Standard» citaba un estudio según el cual el 45 % de los británicos atribuiría al café un estatus social superior al del té y el 70 % de los entrevistados más acomodados declaró una preferencia por el café. No obstante, en Gran Bretaña el café tiene todavía un largo camino por recorrer: los ingleses consumen anualmente una media de 2,3 kg de café per cápita, poco más de un tercio del consumo per cápita de Alemania.

De norte a sur: Europa y su multiforme cultura del café

Los norteuropeos están acostumbrados a beber grandes cantidades de café, pero bastante diluido. Los finlandeses, por ejemplo, presentan el mayor consumo de café per cápita y prefieren sobre todo los blends de tueste ligero. Por el contrario, en Europa central, por ejemplo en Alemania, Austria y Holanda, se prefiere un tueste medio. El tueste completo agrada a los franceses, españoles e italianos que, sin embargo, beben menos café que los escandinavos.

 

 

La tradición del café tiene orígenes antiguos en todo el mundo, aunque con preparaciones diferentes
Con gusto: la cultura del café a la italiana

Italia es el país del café por excelencia: allí el espresso es algo sagrado. Si pides simplemente un café, te sirven un espresso. El espresso se toma a todas las horas del día para disfrutar de una pausa y se bebe en pocos segundos, normalmente en la barra del bar. De hecho, el auténtico espresso se bebe en dos o tres sorbos. Quien necesita más cafeína, pedirá un «café doble», o sea, un doble espresso. En Italia, el cappuccino se bebe tradicionalmente solo en el desayuno y por lo general acompañado de un dulce, como un cruasán. La leche del cappuccino se considera como un alimento, de manera que se evita durante el resto del día por ser demasiado sustanciosa. En la comida, en la cena o incluso por la noche, los italianos prefieren el espresso. Para satisfacer su consumo de café, los italianos consumen como media unos 5,6 kg per cápita al año.

 

Cultura del café en Alemania

Los alemanes también tienen una relación muy intensa con el café, aunque en Alemania no existe una cultura del café tan pronunciada como en Italia. Cada uno toma el café como prefiere, a cualquier hora del día, más o menos fuerte, con o sin azúcar o leche, en el distribuidor automático o preparado con una modernísima máquina para espresso. En un año, los alemanes consumen aproximadamente 6,7 kg de café per cápita: 160 litros al año, o sea, unas cuatro tazas al día. Desde que aparecieron en el mercado las primeras máquinas de café en 2001, el café preparado con porciones monodosis ha conquistado también a los alemanes. Desde entonces, en la oficina o en casa, son muchos los que han pasado a las máquinas para espresso, en cápsula o en monodosis de papel, con las que se prepara un excelente café, siempre fresco y capaz de satisfacer todos los gustos.

La pausa del café hoy es un rito común en Europa y América
Los holandeses y el «koffietijd»

En Holanda el consumo de café alcanza los mismos niveles que en Alemania: unos 6 kg per cápita al año. De hecho, los holandeses beben una gran cantidad durante el día: por la mañana para empezar bien la jornada, entre las 10 y las 11 para el “koffietijd” («pausa café»), a lo largo del día para recobrar energía y en los momentos de socialización en el trabajo. Por la noche, después de cenar, los holandeses toman a menudo un café americano. De vez en cuando se conceden un café con leche o una leche manchada, llamada en Holanda «koffie verkeerd», o sea un «café al contrario», nombre que describe su composición: en lugar de café con un chorrito de leche, leche con un chorrito de café. Esta bebida se sirve en un vaso bastante pequeño, que no tiene nada que ver con las tazas del café au lait francés.

 

Café au lait condimentado con el Savoir Vivre francés

Ningún otro país es tan conocido como Francia por su Savoir Vivre, ese arte de vivir que, junto a la pasión por el café, constituye un aspecto importante de la cultura nacional. Con un consumo anual de 5,6 kg de café per cápita, el país del amor y de la Torre Eiffel ocupa una posición central si comparamos el viejo y el nuevo continente. El café se consume sobre todo en casa, donde se prepara con la máquina o la French Press (cafetera plunger), invención completamente francesa que se remonta al 1900. Aunque se prefiere un consumo más íntimo, los bares franceses también disfrutan de una larga tradición y son muy concurridos. En ellos es habitual beber café au lait acompañado de un cruasán, un «french toast», o tostadas cubiertas con algunas cucharaditas de mermelada. El café con leche francés está compuesto por una mitad de café de filtro muy caliente e intenso o un doble espresso y otra mitad de leche, a menudo con espuma. El café con leche perfecto es el que se prepara vertiendo la leche y el café al mismo tiempo en un tazón grueso, llamado «Bol». Durante el día, a los franceses les gusta deleitar el paladar con un espresso («petit noir») o un café negro («café noir»), a veces diluido con agua (el café «Lungo» italiano). A menudo después de cenar se pide Cognac junto al café negro o, como alternativa, un «Café Granit», un dulce e intenso café con licor de moca.

 

EE. UU. – del «free refill» a los blends de preciados cafés

Los americanos adoran el café. Tanto en los restaurantes como en las Bagel-Shop, se puede rellenar gratuitamente la taza con café de filtro: es suficiente darlo a entender con un gesto. Las Coffee Houses pueblan las grandes metrópolis americanas como en ningún otro lugar del mundo y presentan una rica oferta de café: con leche, frío, cappuccino, con vainilla y una infinidad de gustos difícil de imaginar. A pesar de ello, el consumo anual de café per cápita es muy bajo, unos 4 kg inferior al consumo medio de los países del otro lado del Atlántico. Tal vez porque los americanos no dedican mucho tiempo al desayuno, o por su tendencia a preferir la calidad a la cantidad. De hecho, cada vez son más numerosos los cafés que miman a sus clientes ofreciendo preciados blends. A esto debe añadirse el consumo en casa de café en porciones y la compra de máquinas de cápsulas o monodosis de papel, que ha experimentado un crecimiento vertiginoso durante los últimos años. Tanto en América como en Italia, no cabe duda de que el café se ha convertido en una agradable e irrenunciable costumbre cotidiana. No importa cómo o dónde: en todo el mundo, el café une a las personas y favorece la socialización.